[Sumando palabras] El disfraz del acoso escolar

Sumando palabras

El disfraz del acoso escolar

Natalia Arellano

@Niav777

voces@impetumexico.org

El acoso escolar se ha vuelto un tema presente, un tema preocupante y un tema que en diversos momentos nos hemos encontrado comentando; las notas, artículos sobre cómo prevenirlo, detectar conductas y, desde luego, los actos de acoso que han ocurrido recientemente han encendido diversas alarmas entre madres y padres de familia, así como en la sociedad.

La influencia del acoso escolar en los resultados y el desempeño en la educación, fue retomada incluso en los ejes del Plan Nacional de Desarrollo, los objetivos principalmente preventivos, se centran en incrementar la colaboración entre las comunidades escolares.

Se ha definido al acoso escolar como la situación en la que uno o más alumnos/as persiguen o intimidan a otro u otra –víctima- a través de insultos, rumores, vejaciones, aislamiento social, motes, agresiones físicas, amenazas y coacciones.

Estas conductas, por mucho tiempo normalizadas, hoy revelan un problema social de fondo y no superficial como se pensó.

La carga que pesa sobre el sistema de educación en relación con el acoso escolar minimiza una parte muy importante del problema; también se ha cuestionado la influencia de la tecnología, la televisión y desde luego la familia.

Las respuestas fáciles vienen bien, la búsqueda de culpables es parte de éstas. “Los niños y niñas ya no son como eran”, “ya no hay inocencia”, “la tecnología les hace violentos”, son frases que se escuchan con cierta regularidad incluido el famoso “chip” que ahora porta la niñez entera; útil para unas cosas, reprobable para otras.

El acoso escolar desde siempre ha sido un reflejo de aquellas cosas que en la niñez no podemos entender y en consecuencia rechazamos, de aquello que nunca hemos visto y por desconocido alejamos, de aquello que por diferente agredimos.

En las familias se educa para estar y convivir con ciertas “normalidades”, lo que es bien visto por mamá y papá no puede ser más que bueno, correcto y normal. En el interior de una familia no se educa para conocer a través de las diferencias, para aceptar la diversidad de personas, hombres y mujeres que encontraremos en el núcleo social que representa la escuela; poco a poco y con las enseñanzas de casa descartamos y comenzamos a etiquetar al resto.

En ninguna época se ha tratado de actos inocentes, es un error pensar que es un problema del cambio de los tiempos; si preguntamos a personas de distintas edades, todas o gran parte tendrán una historia que contar, como víctimas o como acosadores/as y si del tiempo se trata, éste sólo ha remarcado las carencias y las características de lo aprendido en diversas etapas de vida.

Lo que hoy debería preocupar es no haber hecho nada, no haber cambiado nada, seguir asignando a los niños y niñas roles, comportamientos, ideas sobre sí mismos/as y los/as otros/as que finalmente se manifiestan como parte de su comportamiento social.

En las escuelas no estamos presenciando bromas, ni un acoso escolar cualquiera a través de las distintas conductas que éste considera, se manifiesta un preocupante nivel de  violencia, actos de odio, delitos.

Si un niño quita a otro sus pertenencias dentro de una escuela es “bullying”, si lo hace en la calle es robo ¿minimizamos uno y exageramos otro? ¿Dónde están las diferencias?

Es posible estar errando en los límites que hemos asignado a ciertas conductas, los medios de comunicación han sido determinantes en esta labor; han abordado el tema con un descuido que puede incidir en las conductas que dejan de ser acoso escolar para convertirse en graves formas de comportamiento social.

El acierto en el tema del acoso escolar es señalar a las comunidades escolares, incluida la sociedad como parte del problema, tanto en su origen como en la solución; sin embargo debemos ser más realistas sobre la situación. Resultaría útil apreciar en la forma en que está teniendo lugar, aceptar que robar, matar, discriminar o lesionar, en una escuela es justamente eso y no un desproporcionado acto de acoso escolar que, por tanto, se pueda solucionar fácilmente.

Actuar y etiquetar de la forma en que lo venimos haciendo tiene una consecuencia grave, por un lado criminalizamos a la infancia y la naturaleza y contexto que hoy los acompaña y por otro desatendemos conductas por reducir su importancia, con ello nos alejamos de la parte de responsabilidad que nos corresponde.

Hay que ser realistas al evaluar el comportamiento de  los menores en la familia, aceptando que bajo nuestra influencia o la de otros factores pueden o están llevando a cabo actos que distan mucho de la inocencia de una broma, y reeducarnos para hacer una mejor labor no sólo como padre o madre, sino como miembros de la misma sociedad en que esto ocurre y en la que esto alarma.

La niñez no tiene una naturaleza distinta a la que nosotros/as/es tuvimos, quizá aún no comprendemos la importancia de nuestros actos, palabras y comportamientos y cómo ello en contacto con otros factores que no están en nuestro control puede generar uno u otro rol dentro del acoso escolar.

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