[Punto y seguimos] El Mundial de futbol bajo la lupa feminista I – Brasil

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Punto y seguimos

El Mundial de futbol bajo la lupa feminista I – Brasil

Las Puntas

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Cada cuatro años comienza “el mayor evento del mundo”, el Mundial de Futbol MASCULINO. Estamos a pocos días de que de inicie tan renombrado evento y en México podemos ver el desplegado de publicidad anunciándolo en todos los espacios posibles, usando los cuerpos de las mujeres de manera violenta y sexista para vender un evento que ya de por sí nos excluye y sólo nos coloca como un objeto. Sin embargo, ¿qué sabemos de la situación de las mujeres en Brasil de cara a este monstruoso evento?

Ha sido posible observar que la población brasileña, caracterizada como febril en su fanatismo hacia ese deporte, no está tan entusiasmada como se esperaría. Las manifestaciones, las huelgas, las demostraciones de descontento por parte de grandes sectores no han dejado de proliferar desde el año pasado. La FIFA está preocupada con la seguridad de lxs turistas durante su visita a Brasil. Gran parte de la población brasileña está harta de la inseguridad social en la que llevan viviendo años y que se ha visto agravada con la expectativa capitalista de este evento (y las Olimpiadas, en el caso específico de Río de Janeiro).

De esta forma, las problemáticas presentadas en las manifestaciones se insertan en un tejido social extremadamente desigual. El racismo, el machismo, el clasismo y la LGBTfobia atraviesan profundamente las instituciones y cotidianidades brasileñas. Con los proyectos de los grandes eventos, esto se ha recrudecido. Y, como muchas organizaciones y colectivas feministas han hecho notar, las mujeres han sido, como siempre, depositarias de violencias severas y muchas veces naturalizadas. A continuación nombramos algunas.

Por un lado, se encuentra la situación de la “limpieza” de las ciudades. Las patriarcales manos que concentran el capital buscan, por un lado, higienizar, dar una imagen a lxs turistas de lujo y potencia económica. Esto va de la mano con la moralización de los cuerpos. Lxs prostitutxs y otrxs trabajadorxs del sexo están siendo perseguidxs, marginalizadxs, aniquiladxs, a pesar de que la prostitución no es crimen en Brasil, y de hecho se encuentra en la Clasificación Brasileña de Ocupaciones.

En la imagen presentada, un grupo de prostitutas se manifiesta frente a la Cámara Municipal de la ciudad de Niterói, en el estado de Río de Janeiro, jugando futbol. El motivo: hace menos de dos semanas, 300 de ellas fueron despojadas de su lugar de trabajo (y vivienda en algunos casos), en el centro de dicha ciudad. Violadas, arrebatadas de su espacio, robadas, interrogadas, violentadas sin ningún motivo.

Por otro lado, las políticas contradictoras transmiten una imagen de sensualidad, heterosexual, sobre todo de las mujeres brasileñas, exacerbando la explotación sexual. Esas manos patriarco-hetero-capitalistas escogen quién puede desempeñar servicios sexuales, impidiendo que prostitutas autónomas lo hagan, y explotando a quienes lo hacen bajo coerción, provocando más violencia y abuso.

Nuevamente, los movimientos de prostitutas no son escuchados en sus demandas de descriminalización de la prostitución y garantía de sus derechos como trabajadoras y ciudadanas, al mismo tiempo en que se explota sexualmente a niñas, adolescentes y mujeres cis[1] y trans que no eligen este camino[2].

En estas políticas de higienización se persiguen otros sectores, como lxs vendedorxs ambulantes y las personas que viven en situación de calle, que están siendo ampliamente perseguidos. ¿Para quién, entonces, van los grandes lucros prometidos del Mundial? La respuesta es muy clara, para aquellas manos que ya mencionamos.

Otro tema, es el de la vivienda. La especulación inmobiliaria está al tope, y el deseo de alejar la pobreza de los lugares que serán más visitados y de aquellos donde se llevarán a cabo los eventos deportivos están provocando el desalojo de comunidades enteras. Las remociones de las personas que viven en favelas[3], así como la instalación de las UPP (Unidades de Policía “Pacificadora”) en estos asentamientos no atienden a la necesidad de garantizar una vivienda digna de la gente, sino que las violentan profundamente.

No se potencializan las propuestas ecológicas y culturales de las comunidades, sino que se les imponen modos de vida que las continúan colocando subyugando y condenando a la eterna miseria. En estas condiciones, la población negra, sobre todo los jóvenes negros, es criminalizada, perseguida, exterminada, no sólo por las fuerzas de seguridad estatal, sino también por grupos de la población, llamados “justicieros”[4].

Así, las mujeres de las favelas sufren de constantes despojos de sus familiares, sobre todo de sus hijxs. Ellas acaban quedándose con el gran peso de la comunidad y de la familia, sustentándola económica, física y moralmente, frente a las condiciones de pauperización, del encarecimiento de las ciudades, de las enormes fallas en los sistemas de educación y salud, factores de los que ellas son responsabilizadas.

A pesar de reconocer la admirable fuerza con la que cotidianamente luchan para sostener a sus familias en estas condiciones y la forma en que van destacándose como liderezas comunitarias, subrayamos que consideramos que ellas no deberían vivir esta angustia, pues ésta es fruto de la desigualdad social y sexual.

Además, las mujeres de estas comunidades se ven constantemente violentadas por agentes de “seguridad pública” que, supuestamente están ahí para protegerlas de dichos abusos por parte de narcotraficantes. Aunados a la violencia sexual, hay casos emblemáticos de todos los tipos de brutalidad: uno que llamó mucho la atención por haber sido filmado fue el de Claudia Ferreira, una mujer que fue herida por una bala dentro de una favela, y dos policías, después de tardarse mucho tiempo en atenderla o buscar auxilio, la pusieron en la cajuela de su camioneta, y se arrancaron. A la mitad del camino, la cajuela se abrió y Claudia, ya herida, quedó colgada, pero aún atada dentro del automóvil. Su cuerpo fue arrastrado durante varios metros, y los policías, aunque alertados de la situación conforme avanzaban, no se detuvieron. Claudia llegó muerta al hospital[5].

De esta forma, los derechos humanos de las mujeres no son considerados. Y a quienes reclaman, se les persigue. La represión policial está siendo comparada con los tiempos de la dictadura. Los movimientos sociales están siendo gravemente perseguidos, incluyendo a los de mujeres y feministas. Alguien que aboga por el derecho a abortar, por ejemplo, es constantemente amedrantada. El aborto, cabe recordar, es un crimen en Brasil, y por lo que se puede vislumbrar hasta ahora, en las elecciones de este año (sí, imposible dejar de lado que este año hay elecciones en Brasil), ningún candidatx tiene este derecho en sus agendas.

De hecho, hablan muy poco de estos temas, temiendo perder votos. Ni siquiera la actual presidenta, que puede reelegirse, lo coloca. Una mujer, guerrillera, torturada en la dictadura, del Partido de lOs TrabajadorEs, que no ha podido (o querido) enfrentar de forma contundente en su gobierno a las implacables fuerzas conservadoras que crecen en el país. Como en otros contextos latinoamericanos, la ley parece ser la de elegir alx “menos peor”. Y, dentro de este contexto, el resultado (tanto en sentido de campeonato como de retribución económica) del famoso Mundial entra al juego político.

Y sí, a lxs brasileñxs les encanta el futbol. A las mujeres también, muchas adoran sentarse a beber cerveza y ver los juegos. Pero muchas otras no tienen tiempo de sentarse a verlos, pues pasan todo el día trabajando para sustentar los altos precios, para después pasar muchas horas para llegar a sus casas en el transporte (caro, inseguro, y ahora totalmente minado por la cantidad de obras que se están haciendo en las ciudades) y llegan agotadas, a seguir trabajando en el cuidado de sus familias.

Tal vez mucha gente siga el Mundial. Tal vez muchxs se alegren si Brasil gana. Pero ellxs no están ganando nada. El mundial no es pensado para ellas, para ellxs. El Mundial es pensado para hacer rico a un pequeño grupo de personas, pasando por encima de cualquier derecho humano. No olvidemos eso al momento de consumir este evento. No olvidemos que no podemos dejar de luchar por los derechos humanos de las mujeres en México, en Brasil, en Latinoamérica. Porque cualquier pretexto es bueno para pasar sobre nosotras.

La información y opinión expresada en esta columna es responsabilidad de sus autoras.

[1] Una persona cisgénero es aquella que se identifica con el género que le fue asignado al nacer. Una persona transgénero es aquella que se identifica con un género diferente al que le fue asignado al nacer.

[2] Existen trabajadoras sexuales organizadas en varios contextos y regiones. Un ejemplo en Brasil es http://www.redeprostitutas.org.br/.

[3] Una favela es una comunidad que se ubica en un terreno informal y que carece (o carecía) de servicios básicos. Generalmente, lxs pobladorxs de estos territorios son descendientes de personas esclavizadas y/o migrantes que vienen de las zonas rurales o de ciudades de regiones más pobres del país, que encuentran en estos espacios y comunidades la forma de sobrevivir ante una pésima distribución económica  http://oglobo.globo.com/infograficos/upps-favelas-rio/

[4] Recientemente en Brasil, comenzó un movimiento de “justicierxs”, personas que decidieron “hacer justicia con sus propias manos”, aprehendiendo, castigando y torturando a presuntos ladrones, reproduciendo un clasismo y un racismo profundo y cruel. Ver más en http://www.revistaforum.com.br/digital/138/justiceiros-antidemocracia-travestida-de-justica/

[5] http://www.huffingtonpost.com/2014/03/19/brazilian-woman-dragged_n_4995462.html

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