[Sobria Ebriedad] ¿Vivir sin drog?

Sobria Ebriedad

¿Vivir sin drogas?

Jesús Gil

TW. @farmacolectivo FB. Interdisciplinario Farmacolectivo Bg. farmacolectivo@wk3.org

voces@impetumexico.org

En el pleno apogeo victoriano de mayo de 1860, Charles Baudelaire publicó su famoso libro Los paraísos artificiales; en el que aborda el tema de las ebriedades provocadas por el hashish y el opio. En esta obra, el poeta francés exalta los placeres producidos por estas drogas, al mismo tiempo que las censura y descalifica. Muy al estilo de su época, caracterizada por entender y asumir lo naturalmente placentero como pecaminoso. En uno de sus pasajes más célebres, asegura que los vicios humanos –por muy horribles que nos parezcan– constituyen la prueba de nuestro innato deseo de infinito; aunque se trate de un deseo que suele errar el camino (1).

Sin proponérselo, el Autor Maldito hizo un enorme aporte a los fundamentos del paradigma prohibicionista que predominaría a lo largo del siglo XX y hasta nuestros días, empeñado en entender a las drogas como meros artificios, falsas puertas de escape que garantizan un deleite momentáneo; a expensas de la salud y la libertad de quien cae en sus manos. Esclavizante hedonismo digno de ser evitado a toda costa. La misma fórmula del pecado, según la cual, un deleite temporal nos acarrea penas mucho más extensas y severas. Siendo, evidentemente, jóvenes y niñxs lxs más vulnerables frente a ellas.

En 1975, el mundo científico occidental se conmocionó con el descubrimiento de las llamadas endorfinas; compuestos péptidos endógenos semejantes, precisamente, al opio. En otras palabras, se descubrió que muchos cerebros mamíferos (y de otras especies) producían de forma natural su propia morfina, su propia droga analgésico-eufórica. Actualmente se conocen más de media docena y se sabe que tienen implicaciones importantes en procesos fundamentales para la vida como la regulación del hambre, el dolor, la temperatura corporal y algunas funciones reproductivas (2).

De modo que esos paraísos, que tanto Baudelaire como la mayoría de las personas en la actualidad consideran dañinos y deleitables juegos de artificio, resultan formar parte de los únicos y verdaderos paraísos naturales dignos de ese nombre, junto a los placeres del bajo vientre y el paladar, a decir de Antonio Escohotado (3). Por no dejar, y sin afán de hacer leña del sauce baudelaireano caído, se sabe hoy también que nuestro organismo produce los llamados endocannabinoides (4), compuestos semejantes a los existentes en la cannabis o marihuana, de donde se obtiene el hashish, la otra droga referida en el profético libro.

El anhelo de un mundo libre de drogas, demuestra hasta qué punto el prohibicionismo está basado en premisas moralistas e insiste en desatender la experiencia científica con que se cuenta en la actualidad. Un paradigma que niega rotundamente que el impulso bioquímico de estimular el estado de nuestra conciencia –ya sea buscando paz, energía o alguna experiencia visionaria– empleando drogas, sea el mismo tipo de impulso bioquímico que nos empuja a alimentarnos o a satisfacer nuestros apetitos sexuales.

Vivir sin drogas, sencillamente no es posible. Hoy tenemos más claro que la vida es precisamente esa interacción bioquímica de un organismo con su entorno. Este conocimiento es importante por lo que puede aportar al desarrollo del modelo de políticas públicas conocido como Reducción de Riesgos y Daños, como parte de un nuevo paradigma incluyente y más humano, que entiende que si una persona (por razones culturales o bioquímicas) no está dispuesta o en condiciones de dejar de consumir alguna droga, vale más ayudarle a reducir los posibles daños que castigarla por sus preferencias o condiciones.

Quizá por eso la conocida campaña Vive sin Drogas, con quince incansables años informando a lxs jóvenes del daño causado por las adicciones, prefiera llamarse simplemente Vive por estos días (5). De este modo, al parecer la ecuación deja de ser, invariablemente: drogas = adicción = muerte, y se retoma la idea de que un consumo informado puede ser igual a un consumo no problemático, responsable. Como sea, permanecen en la memoria de nuestra generación aquellos jingles anti-drogas que llenaron las pantallas de la televisión mexicana durante más de una década y que nos educaron decididamente bajo la premisa –hoy lo sabemos– poco factible, de un mundo y la vida en él, “libres” de drogas.

Referencias:

1. Baudelaire, Charles; “Obras Selectas”, EDIMAT, 2000, pp. 372.

2. Ott, Jonathan; “Pharmacophilia or The Natural Paradises”, Natural Products, 1997, pp. 15.

3. Escohotado, Antonio; “Para Una Ciencia del Placer Farmacológico”, en (http://www.escohotado.com/articulosdirectos/paraunacienciadelplacerfarmacologico.htm), 2003.

4. Alivia Fundación, “Sistema Endocanabinoide” http://aliviafundacion.org/tag/el-sistema-cannabinoide-endogeno/, 2014.

5. Fundación Azteca, “Vive”, en http://www.fundacionazteca.org/contenido.aspx?p=vivees, 2014.

La opinión e información expresada en esta columna es responsabilidad de su autor

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