[InclúyeT] #YoSoyGay

InclúyeT

#YoSoyGay

Paul Ibarra

@PaulIbarra06

voces@impetumexico.org

Entre pancartas, empujones, gritos y sinrazones han transcurrido varios días desde el inicio de una serie de manifestaciones alrededor del territorio mexicano. Dichas protestas han sido convocadas a través de las redes sociales con las que la juventud mexicana pretende hacerse visible. ¿Acaso nos estaremos enfrentando a una revolución cultural, sexual y política como la ocurrida en los años sesentas? o ¿será una simple parafernalia de universitarios (as) que no quieren estudiar? En realidad, la respuesta no la tenemos aún. Este movimiento juvenil ha cobrado una fuerza inesperada. Nunca antes en la “historia oficial” de México la ciudadanía se unió para protestar contra la candidatura de un político.

El objetivo de estas líneas no es analizar lo antes comentado por cientos de periodistas a lo largo del mundo, no. Más bien, tengo muchas preguntas, preocupaciones. Toda revolución trae consigo un caos inicial, una ruptura abrupta. El movimiento #YoSoy132 es una idea transgresora al sistema, una iniciativa de transición siempre y cuando no se capitalice. Es aquí donde empieza mi preocupación. Si este movimiento ciudadano es capitalizado por el sistema, se esfumará. Si se radicaliza, será satanizado; si se mediatiza, terminará en “La Rosa de Guadalupe”, “Lo que callamos las mujeres” o con la señorita Laura.

Una de las bondades de esta reacción social es su carácter diverso. Su base apartidista le proporciona certidumbre, pero al mismo tiempo lo convierte en vulnerable. No quiero ser pesimista, pero si protestamos sin proponer, la cosa se pone difícil. Por más que le busquemos en hilo negro no lo vamos a encontrar.

El gavilán es viejo, mañoso, no es fácil verle la cara. No por nada continua en el trono el Tío Sam. Hay que ser críticos, el problema no se termina si apagamos o no la televisión, si anulamos el voto o destrozamos la camioneta del candidato tricolor. Este es un asunto de desigualdad social, de discriminación, de una ficticia democracia, de una gobernabilidad inexistente, de una ignorancia colectiva, de una impunidad cínica, de la corrupción despiadada.

Tampoco quiero sonar fatalista, ni soldado rojo radical. Sin embargo, el cambio de paradigma social, económico, político, cultural es inaplazable. Si revisamos las propuestas de las personas que pretender gobernarnos, la equidad, igualdad, respeto, INCLUSIÓN, no están presentes en su discurso y si lo están, son escuetas, mochas, regresivas.

Es preocupante la heterosexualidad impositora con la que se manejan los candidatos y la candidata a la presidencia de la república y la mayoría de las personas que buscan un cargo público a lo largo del país. El señor Enrique Peña Nieto respeta a todo el mundo, según él, pero en declaraciones en el programa “Tercer Grado” afirmó su ideología conservadora, la cual defiende las costumbres, se opone al progresismo y preserva los valores familiares y religiosos tradicionales por lo que los gay, lesbianas, transexuales, transgénero, intersexuales y todo lo que se oponga a este modelo hegemónico no concuerda con los ideales del candidato del PRI. El caso de Josefina Vázquez Mota es similar, “sus discursos con sonsonete de PRI de los 90, pero en modalidad new age” (Bruciaga, 2012). El que sea mujer no quiere decir que tenga perspectiva de género mucho menos gay friendly. Los derechos de las personas no se deciden con base en plebiscitos o consultas ciudadanas, como lo pretende Andrés Manuel López Obrador, su país multicolor con un toque conservador donde los gay no tenemos necesidades propias y nos debemos a lo que diga la mayoría.

Ninguno se ha pronunciado a favor de tipificar los crímenes de odio por homofobia en un país como México que ocupa el segundo lugar a nivel mundial por asesinatos de este tipo. Tampoco he escuchado sobre políticas de actualización al esquema de salud entorno al VIH/SIDA, Infecciones de Transmisión Sexual, salud sexual y reproductiva. El matrimonio igualitario y la adopción de parejas del mismos sexo tampoco está en la agenda federal, la candidata y candidatos se lavan las manos al ceder la responsabilidad a las legislaturas locales. No soy ni porro ni estudiante, ni partidario de ningún candidato, mucho menos de la candidata, #YoSoyGay y ninguna de las propuestas representa mi derechos.