[Elige la voz] Mujeres jóvenes y el poder

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Mujeres jóvenes y el poder

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En este artículo Elige quisiera plantear algunas reflexiones y aproximaciones acerca de las relaciones de poder que atraviesan, impregnan, configuran y permean las subjetividades y los cuerpos de mujeres jóvenes.

Las mujeres jóvenes somos uno de los mayores sectores de la población en nuestro país. En México vivimos más de 15 millones de mujeres entre 15 y 29 años de edad. Estas mujeres vivimos en ciertas condiciones de desigualdad y desventaja frente a otros sectores de la población, es decir, las mujeres jóvenes vivimos una doble discriminación, debido a nuestra condición de género y de edad, lo que se traduce en falta de oportunidades para desarrollar plenamente nuestro potencial y capacidades, escasa oferta educativa y laboral, pocas posibilidades de ejercer libremente nuestros derechos humanos, poco reconocimiento social a los aportes que cotidianamente hacemos a la economía, la educación, el desarrollo, la cultura y la política.

Todo ello debido en gran medida a la cultura machista y adultocentrista[1] que permea en el imaginario colectivo de nuestras sociedades, colocándonos en una situación particular frente al ejercicio del poder. Cuando hablamos de ejercicio de poder, lo hago desde una lectura foucaultiana, es decir, el poder como una relación que se establece entre todos los actores sociales y que moldea y caracteriza al tejido social. El poder circula, se actúa, es la capacidad de transformar algo, de afectar y ser afectado.

Desde distintas instituciones como la familia, la sociedad, el Estado, la iglesia y la ciencia se producen discursos ordenadores, moldeadores de sujetos, cuerpos y subjetividades, en el caso de las mujeres jóvenes el poder ejercido por estas instituciones es mayor; se nos demanda cumplir con los mandatos de género y los propios de la vida moderna, es decir, debemos de conseguir pareja, casarnos, tener una familia, mantenernos bellas y, a la vez, estudiar y prepararnos para competir en el mundo laboral.

Sin embargo, en muchas de nosotras subyace una fuerza, que resiste a los embates del poder, que lo enfrenta, que responde desde nuestros cuerpos, afectos, deseos, acciones y actitudes, que irrumpe, cuestiona y ruptura las estructuras sociales establecidas, buscando, construyendo, de-construyendo y proponiendo distintas formas de percibir, vivir, actuar y posicionarse en el mundo.

A partir del trabajo que Elige ha realizado en distintos proyectos con jóvenes, hemos podido observar un sinfín de manifestaciones, identidades y creaciones de mujeres jóvenes que desde distintos espacios, ámbitos y formas, resisten a las formas tradicionales y a los discursos establecidos. Mujeres jóvenes que nos apropiamos de nuestros cuerpos, ejercemos libremente nuestra sexualidad, exigimos y defendemos nuestros derechos, construimos condiciones para nuestra autonomía, nos organizamos, abrimos y construimos espacios para nuestra participación social y política, nos empoderamos para liberarnos del estrangulamiento simbólico-social de una sociedad y una realidad que queremos transformar.

En Elige, reconocemos que hablar de mujeres jóvenes puede parecer algo ambiguo, complejo y a la vez abstracto, dada la escasez de información e investigaciones con respecto a este grupo poblacional específico; las mujeres jóvenes son múltiples, diversas, cambiantes, con identidades, historias y condiciones distintas. Sin embargo consideramos importante colocar algunas reflexiones acerca de mujeres jóvenes que buscamos construir nuevas formas de relacionarse, de expresarnos, de luchar, de construirnos y construir un mundo distinto.

La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de la asociación autora.


[1] El término adultocentrismo se refiere a la discriminación que sufre una persona por razones de edad, es una forma de relacionarse entre adultos y jóvenes a partir de los conceptos y valores de las personas adultas. Es un principio ordenador de las relaciones de poder.