[Reportaje] ‘#Yo soy 132’: el movimiento en discordia

Foto: http://desinformemonos.org/

 Jorge Luis Cortina

jorge.luis@impetumexico.org

A raíz de la protesta estudiantil ocurrida en la Universidad Iberoamericana (UIA) en contra del candidato del PRI a la presidencia de México, los jóvenes se hicieron visibles a la opinión pública como un personaje activo. Lejos de las opiniones pesimistas y de las previsiones reservadas con respecto a este sector, los especialistas observaron sorprendidos el despertar de la juventud nacional en relación con proceso electoral culminado con las elecciones del 1 de julio.

‘#Yo soy 132’ se transformó casi desde su origen en elemento clave para el desarrollo de las campañas presidenciales en sus últimas semanas. Desde su comienzo, el movimiento acaparó la atención de los medios de comunicación. Lo hizo precisamente al levantar la voz sobre el papel que ellos –y en particular, Televisa– jugó dentro del proceso de campañas, al considerar que se parcializó la cobertura a favor del PRI.

Ese papel le ha valido aplausos y críticas generados desde diversos sectores. A continuación se resumen varios de ellos.

  • Voces críticas

El surgimiento de esta protesta generó en sus primeros días una opinión positiva casi unánime. Sin embargo, el desarrollo del movimiento juvenil se ve aparejado cada vez más a diversos cuestionamientos.

El aparente resquebrajamiento de #132 a partir de la creación de ‘Generación MX’, así como a las supuestas denuncias de miembros con respecto a la intervención del PRD en el movimiento, sirvieron como primeras muestras de esta tendencia. Aunado a esto, algunos estudiantes expresan sus reservas con respecto a esta manifestación.

Fidel Mondragón, estudiante del Colegio de México, ha seguido algunas de las mesas de discusión estudiantiles sobre el movimiento. Desde su perspectiva, en ellas han surgido algunas incoherencias que bien podrían brindar ciertas dudas con respecto a sus intenciones:

“Creo que muchos jóvenes se han dejado llevar más por el entusiasmo del movimiento que por observar su construcción. Siempre debe celebrarse que surjan nuevas propuestas que fomenten la participación ciudadana. Generar mayor interés en temas de interés público, en especial para los jóvenes, es excelente. Pero al declararte apartidista y, al mismo tiempo, pronunciarte en contra de un candidato presidencial en particular, produces una contradicción de fondo. Ser apartidista no sólo significa no estar a favor de un partido; también señala el hecho de no despreciar a uno de ellos en específico”.

Mondragón considera que, al enarbolarse como un movimiento crítico, los miembros de #132 deberían ser igualmente críticos de la situación política que aqueja a la totalidad del país. “Es bueno ver que demanden que la autoridad combata la corrupción, que revele las omisiones que los gobiernos priistas han tenido a lo largo de su tiempo en el poder. Sin embargo, eso no significa que los demás partidos estén haciendo bien las cosas”.

En la opinión de este estudiante, un movimiento crítico es coherente cuando observa las virtudes y defectos de todos los actores políticos. Por ello, imagina que al presentar sólo los errores de una institución en particular, los miembros de ‘#Yo soy 132’ se están convirtiendo en jueces.

“Es como si ellos nos dijeran que, por ser estudiantes, conocen la verdad de las cosas y así, en vez de brindar información a la ciudadanía, elijen por ellos lo que, en su opinión, representa la opción política ‘correcta’”. En este sentido, el estudiante del Colegio de México encuentra una posible explicación del surgimiento de líderes de opinión que pretenden demostrar que existen intereses políticos detrás de la aparición de #132.

El columnista Ricardo Alemán se ha erigido como uno de los primeros en refutar la naturaleza espontanea que define a ‘#Yo soy 132’ como movimiento estudiantil. Su espacio en el diario El Universal – “Itinerario Político”– ha dedicado en los últimos meses espacio para desvelar las intenciones que, según su autor, se esconden detrás de la fachada juvenil de la protesta.

El 10 de junio, Alemán afirmaba: “Cada vez resulta más evidente que detrás del movimiento ‘#Yo Soy 132’, existe una cuidadosa organización político electoral que, se quiera ver o no, busca fines partidistas, dispone de recursos económicos ilimitados y cuenta con protección de distintos niveles de gobierno”.

Sin ahondar en sus fuentes, el columnista señala que dentro de las propias corrientes existentes en los partidos de izquierda se baraja el nombre de Manuel Ávila Camacho como el de aquel cuya “mano mueve al #132”. Al respecto, su columna profundizó en las similitudes que el propio Camacho pudo encontrar en el movimiento estudiantil de Chile, surgido tras el proceso electoral de 2009 y del que jóvenes como Camila Vallejo, actual líder de los universitarios chilenos en protesta, toman parte.

Según Alemán, el ex candidato presidencial de aquel país, Marcos Enríquez Ominami, fue parte fundamental de la creación de esas protestas, las cuales, en principio, satanizaron a los medios de comunicación por el papel que jugaron en las elecciones presidenciales. La similitud en el origen de esta protesta con el caso de ‘#Yo Soy 132’ es clara. Sin embargo, Alemán asevera que, lejos de la casualidad, ese inicio demuestra que Enríquez Ominami tuvo acercamiento con Manuel Ávila Camacho.

El antiguo regidor del DF, interesado en el estudio del fenómeno estudiantil chileno, curiosamente surgido de la misma manera en universidades privadas, vio la oportunidad perfecta pare reproducir ese caso en la actual contienda electoral, de acuerdo con el hilo conductor desarrollado por el columnista de El Universal.

  • Voces de apoyo

Al responder a los cuestionamientos sobre la supuesta relación de ‘Generación MX’ con ‘#Yo soy 132’, Antonio Attolini, alumno del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), confirmó a diversos medios de comunicación que ninguno de los integrantes de Generación MX era miembro activo del movimiento del cual es participante.

“Realmente no los he visto, ni los conozco bien, porque yo nunca los vi en una asamblea de #YoSoy132 participando, contribuyendo y estableciendo alguna postura en la que pudiera encontrarse dentro de la crítica y la argumentación”. Al mismo tiempo, el estudiante de ciencia política enfatizaba: “de ninguna manera se atreva nadie (…) a decir que aquí hay intereses oscuros más allá que la espontaneidad y la originalidad de los estudiantes que estamos aquí”.

En su atmósfera de creación, ‘#Yo soy 132’ se definió como un movimiento crítico de la situación general de las campañas presidenciales. Sobre todo, su intención se enfocó a modificar el manejo que los medios de comunicación electrónicos mantenían sobre ellas. Televisa se convirtió entonces en el principal punto de ataque de los jóvenes incluidos en esta protesta.

A raíz de esta estrategia, algunos medios –principalmente dentro de la prensa escrita– se sumaron y propusieron sus propias interpretaciones en relación con el papel que los estudiantes podrían jugar dentro del actual proceso electoral. En La Jornada el columnista Adolfo Sánchez Rebolledo destacó en relación con el surgimiento de #132:

“En última instancia, la reacción estudiantil es una expresión del más puro democratismo: para elegir en conciencia requerimos estar informados, y hoy no lo estamos. Esa es la condición para que el ejercicio del voto no sea un ritual vacío sino un acto de libertad”.

Sánchez Rebolledo también reflexiona sobre las perspectivas que buscan justificar la politización de la protesta estudiantil: “El movimiento recién surgido está atado en su origen a un acto de rechazo a Peña Nieto, pero ha insistido en su naturaleza apartidista, que ellos, acertadamente, no confunden con el apoliticismo que tanto se ha predicado como si fuera una virtud ciudadana. Apartidismo significa autonomía, capacidad para tomar decisiones sin intervenciones ajenas”.

El columnista aplaude esa definición del movimiento al concluir: “De hecho, sin el componente político tal vez no estaríamos hablando ahora de un movimiento autónomo, diverso, plural y potencialmente capaz de hacer aportaciones significativas a la dudosa calidad de nuestra democracia”.

Por medio de justificaciones similares, otros periodistas afines a esta visión también han colaborado para contener a las voces que pretenden desacreditar a #132. Jenaro Villamil, por ejemplo, generó diversas meditaciones con relación a uno de los últimos intentos que pretendían asegurar la corrupción interna en el movimiento estudiantil.

En un artículo titulado “La peculiar ‘guerra sucia’ online contra #YoSoy132”, el periodista señaló que “un supuesto integrante” de la organización, llamado Manuel Cossío, intervino la página www.yosoy132.mx para presentar un conjunto de grabaciones. En ellas, Saúl Alvídrez, estudiante del Tecnológico de Monterrey, admitía que el ex candidato del PRD a la gubernatura del Estado de México, Alejandro Encinas, fue quien logró que la dirigente estudiantil chilena, Camila Vallejo, visitara al país pocas semanas antes de la elección.

“En su video, donde Cossío lee un texto, dice que sufrió ‘una gran decepción’ al darse cuenta que muchos dirigentes estudiantiles del #YoSoy132 fueron ‘cooptados’ por Marcelo Ebrard, por López Obrador o por Alejandro Encinas”, destaca Villamil en su texto. Posteriormente, se dedica a mostrar que el responsable de esa grabación fue “productor asociado de la empresa Mantequilla Studios”, de la cual Televisa es uno de los principales auspiciantes.

Con ese mismo sentido, muchos de los defensores a ultranza de la protesta estudiantil justifican los diversos intentos que nacen para restar crédito a la organización #132. Cuando se anunció el surgimiento de ‘Generación MX’, muchos de los jóvenes afines al movimiento se encargaron de mancillar a los personajes principales de esta escisión como integrantes de la Confederación Patronal Mexicana (Coparmex) y del propio PRI.

Esa construcción informativa tardó poco en difundirse a través de varios de los medios que han realizado las defensas más férreas a favor de ‘#Yo soy 132’.

  • Autocrítica

Luego de que los videos analizados por Jenaro Villamil se dieran a conocer, los voceros principales de #YoSoy132 acusaron que su sitio online sufrió una especie de “hackeo”. Aprovecharon al mismo tiempo para reiterar que el movimiento estudiantil posee “una estructura horizontal”, gracias a la cual “nadie puede ostentarse como dirigente o vocero exclusivo”.

Josué Lugo, estudiante de la UNAM involucrado en este movimiento, profundiza sobre la construcción interna de esta organización: “Lo cierto es que arriba hay un grupo de personas que aparecen de manera constante en los medios. Pero ellos no son quienes toman las decisiones dentro del movimiento; las decisiones y las acciones que realiza ‘#Yo soy 132’ se toman en las asambleas universitarias, en las cuales participan voceros de cada institución y en las cuales se generan acuerdos.

Las ideas que se discuten ahí surgen previamente, dentro de las asambleas internas de cada facultad que compone a las universidades en que estudian muchos de los jóvenes participantes. Sobre ello, Lugo señala que las personas como Antonio Attolini se encargan básicamente de reproducir y difundir en los medios esas ideas.

“Muchas de esas ideas llegan a ellos cómodamente, pues en buena parte ellos no participan para su consecución”, comenta el estudiante de comunicación.

Según Lugo, #132 es parte del proceso que cualquier sociedad debe vivir en aras de su progreso. Es parte de la evolución que sufren a lo largo del tiempo. Por ello, es en la actuación de los jóvenes en donde surge el símbolo fundamental de esta protesta, al igual que ha sido en el caso de los movimientos sociales que han definido la historia moderna.

 “#132 es una de las muchas formas que existen para fomentar que los jóvenes participen en la política nacional. Como parte de una universidad pública, quienes pertenecemos a la UNAM tenemos una mayor obligación con la sociedad, la cual es finalmente la responsable de pagar por nuestra educación. Asistir a las asambleas, a las marchas, generar propuestas para la democratización de los medios, sirve para demostrar que como jóvenes estamos presentes, que nos importa hacer la diferencia y ayudar a que se genere un cambio.

Los grandes cambios políticos, de acuerdo con el comentario de este estudiante, siempre han tenido inicio con la gente, en especial aquella que genera la participación activa de los sectores sociales. “El hecho de que los jóvenes estemos participando ya genera una acepción distinta al término ‘cultura política’”.

Aunque reconoce que ‘#Yo soy 132’ tiene algunos cabos sueltos, el alumno de la UNAM establece que será a partir de ellos como “podrán generarse los cambios que demanda una sociedad”. Esa conciencia de causa, considera, es la que ha compuesto el desarrollo vertiginoso de esta protesta:

“Al final, lo que ha generado este movimiento parte de una creencia en común: que hay algo muy mal en nuestro sistema político y tiene nombre: corrupción, desigualdad, la profunda pobreza y la falta de medios plurales. Todo eso ha permitido que los jóvenes recuperen su voz como actor político, y se les ha dado mayor visibilidad a través de eso”.