[Al compás de la ciudad] ¿Bullying o violencia escolar?

Al compás de la ciudad

¿Bullying o violencia escolar?

Gerardo Castillo Antúnez

@Geritzcuintle

voces@impetumexico.org

En los últimos meses hemos sido bombardeados en diversos medios de comunicación por una infinidad de noticias acerca del bullying que se vive al interior (y que en ocasiones se traslada al exterior) de las escuelas, desde las primarias pasando por las secundarias y el bachillerato. Este grave problema se presenta en todas las clases sociales y en diferentes zonas del Distrito Federal así como de toda la república. Las agresiones que se ven en los jóvenes afectados parecieran ser cada vez más graves, incluso hay quienes han parado en el hospital y con daños irremediables.

Uno de los primeros investigadores del tema, Dan Olweus define que ocurre bullying cuando existe un desequilibrio de fuerzas (una relación de poder asimétrico): el alumno expuesto a las acciones negativas tiene dificultad de defenderse, y en cierta medida se encuentra inerme ante el alumno o alumnos que lo acosan”.[1] Esta definición me parece, hasta cierto punto insuficiente para englobar todas las formas de violencia que se viven dentro de las escuelas, puesto que al interior de ellas se tejen diferentes relaciones sociales que pueden generar violencia sin ser detectada y que no encuadran en este concepto de bullying y sobre todo en la noción que se tiene socialmente acerca de la violencia escolar.

Al convivir en la escuela los jóvenes ponen en práctica actitudes que aprendieron en los diferentes espacios donde se desarrollan fuera de ésta, principalmente la familia y el barrio. De acuerdo a diversos sociólogos, la familia es el eje medular de los seres humanos, que dota a los individuos de las herramientas suficientes para vivir en sociedad. No precisamente una familia llamada “funcional” que esté integrada por los dos padres y los hijos realizará una buena función familiar, sino lo ideal es un verdadero núcleo de parentesco donde se establezcan relaciones de mutua confianza entre los padres o tutores y los hijos, y donde exista cuidado permanente a los hijos en todos los aspectos de su vida.

Por otro lado el barrio (la colonia, las calles aledañas a su casa o escuela) es el lugar donde muchos jóvenes se desenvuelven fuera de la familia y la institución escolar, algunos se reúnen en parques o canchas deportivas para jugar, varios acuden a “las maquinitas” otros simplemente se reúnen en un espacio para platicar. De este modo, el barrio se convierte en el lugar de esparcimiento donde los jóvenes interactúan con otros individuos, es donde se encuentran como parte de una misma cultura, las calles, edificios y casas no solo representan un espacio arquitectónico, sino donde confluyen símbolos que comparten con ellos mismos. Algunos jóvenes se identifican con las bandas o pandillas que existen al interior del barrio y muchos de ellos sienten seguridad por tener amigos o ser reconocidos por estos grupos.

Estas dimensiones son fuertes condicionantes para que los jóvenes manifiesten actitudes violentas al interior de las aulas. Es común que dentro de la escuela, los estudiantes produzcan y sean al mismo tiempo receptores de violencia con los compañeros de clase, a manera de “juego” o “llevándose”, pero aplicando sutilmente distintas formas de violencia como son: psicológicas, físicas, sexuales e incluso simbólicas que se puede manifestar tan cautamente que es aceptada como algo normal para quien la padece. De acuerdo a Martha Prieto en su investigación “La socialización de la violencia en las escuelas secundarias” los juegos que se llevan al interior de la escuela varían y se pueden presentar zapes, patadas, rasguños, gritos, ofensas verbales a ellos mismos o dirigidas hacia algún familiar en específico, toqueteos en genitales entre compañeros y compañeras así como otras acciones negativas son parte de la vida cotidiana en los estudiantes.

La violencia escolar no es un fenómeno nuevo, es algo que siempre se ha dado, e incluso me atrevería a decir que alguna vez fuimos parte de ella, eso no ha cambiado. Lo que sí ha cambiado son las diferentes formas en que se manifiesta. Cabe destacar que ahora también se añaden nuevos elementos acorde con nuevas problemáticas sociales que ocurren en el país y sobre todo en el entorno inmediato de los jóvenes (barrio/familia) y que se ven reflejados en espacios sociales como la escuela.

La opinión expresada en esta columna es responsabilidad de su autor.


[1] Olweus Dan, Conductas de acoso y amenaza entre escolares. Morata, Madrid, 2004. p 26.