Entonces: ¿Prohibimos o educamos?

 

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Entonces: ¿Prohibimos o educamos?

Itzel Eguiluz

@itzelEguiluz

 

Hace unas semanas Quino, famoso por ser el creador de Mafalda, dijo que, al contrario de lo que la mayoría creía, ella no es su personaje favorito; su personaje favorito es Libertad.

Libertad es una de las palabras malgastadas en los discursos, las discusiones, las pláticas, las promesas. Y es la que, teóricamente, divide al mundo moderno de aquel con esclavos y terratenientes.

Ese mundo subsiste en algunos rincones del planeta, al que no me referiré aquí, para bien o para mal. Este planeta donde, supuestamente, hay Libertad para caminar por las calles, para tomar de la mano a nuestra pareja, utilizar faldas largas o cortas, llevar el cabello suelto y expresarnos físicamente con abrazos y besos, siempre y cuando respetemos aquellas normas no siempre escritas…

Lindo, ¿no? Pues no. Resulta que aunque nos creamos el cuento de hadas de la Libertad, esa que supuestamente rodea a nuestras palabras, decisiones y acciones, hay muchos que no están convencidos de que la tengamos. Hace unas semanas mi padre me decía que no me quejara tanto, que las cosas sí han cambiado (hablábamos de la década de los 60 y principios de los 70, más o menos), decía que al menos ahora yo me podía quejar abiertamente. Es posible, eso no me toca ponerlo a discusión. Sin embargo, hechos y hechos remueven este concepto básico de Libertad. Mencionaré sólo algunos pocos casos que algo tiene que ver con salud sexual y reproductiva. Obviando que en algunos lugares de nuestro país la Libertad de salir a la calle es, hoy en día, discutible.

Hace poco más de una semana en León, Guanajuato, como espero que hayan leído, un profesor universitario paseaba con su esposa e hijo (de cuatro años) por el centro de la ciudad, y en un acto de “locura” se  besaron. Una señora que estaba afuera de la iglesia gritó, según quienes lo narraron, “¡hay niños, hay niños!”. ¿Qué habrá querido decir, qué habrá pasado por su cabeza? El grito de la dichosa (nótese el dichosa) señora, atrajo a policías, quienes detuvieron al profesor. Su esposa nunca supo a dónde lo llevaron; pasó 12 horas detenido, después de que un juez le dictara sentencia por “faltas a la moral”. El Alcalde de León pidió disculpas, después del maratón de besos que se organizó como protesta.

En los Juegos Olímpicos, terminados este domingo,  se vanagloriaba que países de Medio Oriente hubieran permitido por primera vez que hubiera mujeres representándolos. Se decía una y otra vez que este año “ya casi” se llegaba a la equidad, porque había un 45%, o algo más, de mujeres compitiendo. Se dijo incluso la importancia que tenía que Afganistán tuviera una representante femenina en atletismo; aunque en su país no le permitían entrenar de la mejor forma y le gritaban que las mujeres afganas no deben ser deportistas. Se habló sobre que Arabia Saudita, Brunéi y Qatar, por fin enviaron mujeres (nótese que el Comité Olímpico Internacional amenazó con no permitirles participar). ¿Alguien notó que vivimos en el 2012 y que los primeros juegos modernos fueron en Atenas 1896?

El pasado 1 de diciembre de 2011 el Ministerio de Salud italiano solicitó a las cadenas públicas de radio que no mencionaran la palabra preservativo, condón u otro sinónimo al aire, nótese que ese día es el Día Mundial contra el Sida. A principios de 2012 el Alcalde de Mazatlán prohibía el reparto de condones en el Carnaval porque iba contra la moral pública. Marzo 2012, Honduras promueve la prohibición de la pastilla anticonceptiva de emergencia, sería el único país del mundo en hacerlo. En abril, en Indonesia, se propuso prohibir el uso de minifaldas por ser pornográficas y provocar a los hombres, resultando en violaciones. También en marzo, en San Petersburgo, Rusia, se aceptó la prohibición de cualquier acto público que “promueva” la homosexualidad.   En mayo, un edil sinaloense quería prohibir la minifalda, otra acción contra esta prenda, para evitar los embarazos no deseados en adolescentes.

¿Ahora, quién se atreve a definir Libertad?

*Libro recomendado:

Galeano, Eduardo (2008) Espejos: una historia casi universal. Siglo XXI, México.