[Punto y seguimos] 10 de mayo, maternidades en lucha

Punto y seguimos

10 de mayo, maternidades en lucha

Las puntas

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El sábado 10 de mayo, como bien sabemos, se celebró el día de la Madre[1]. Y lo ponemos así en mayúsculas porque este “festejo” reproduce un estereotipo de la feminidad contra el que nos oponemos abiertamente. Desde hace aproximadamente 99 años se nos vende la historia de Una mujer amada por su abnegación, por dedicar su vida al cuidado de otras personas; aquella para la cual el mejor regalo sería un electrodoméstico para poder seguir haciendo ese trabajo doméstico que tanto nos reconforta al llegar a casa. En la televisión, en los periódicos, en la radio, en las calles, en los aparadores, entre las amistades, todo es día de las Madres y su estruendosa y consumista celebración.

Esa maternidad no nos gusta. Estamos en contra de esa única forma de ser madre que empata con el capitalismo depredador. Nos mantenemos vigilantes de cualquier glorificación de ese estereotipo y reclamamos en nuestras charlas mientras vamos en el metro, conversamos con la familia y cada que es posible.

Nos pronunciamos por las maternidades libres y voluntarias, por romper el molde de una sola forma de ser mujer: siendo madre, también nos pronunciamos por romper la idea de que existe una sola manera de vivir la maternidad y, entonces, decimos que el maternaje se ejerce, y puede ser ejercido por todas y todos. Lo entendemos como un intento por resignificar el cuidado como posibilidad de todas las personas, no sólo de las mujeres. El maternaje no es inherente a las mujeres. Resignificamos el amor materno como los pactos sororarios[2] entre mujeres o el 10 de mayo como un pretexto para evidenciar la desigualdad que existe en esta sociedad patriarcal y doble moral que nos violenta con sus estereotipos de género.

Y en esta búsqueda de nuevos significados que nos acompañen en la construcción de otras formas de estar y de ser mujeres, desde el feminismo y desde las luchas sociales, es que abrimos los ojos y el corazón a las voces que se silencian, a las madres que en esta fecha salen a las calles buscando justicia.

Al igual que dos años atrás, las madres de diferentes ciudades y pueblos de México salieron a las calles a exigir justicia ante la desaparición de sus seres queridos. Unidas en agrupaciones por estados y formando un solo contingente, marcharon desde el Monumento a la Madre, contribuyendo así a un esfuerzo por resignificar ese espacio.

Caminaban expresando su dolor, exigiendo la presentación con vida de sus hijas/os, el paradero o la verdad sobre su desaparición. Les gritaban como si en algún lugar del mundo ellas/os pudieran escuchar que les llamaban.

María Eugenia fue a la marcha para apoyar a su hija en la búsqueda de su nieta Selena. El 29 de abril de 2010, Selena salió rumbo a la escuela, que está a 10 minutos de su casa, pero no llegó. No han tenido respuesta ni indicio de donde pueda estar.

Para María Eugenia la marcha se hizo el 10 de mayo por la angustia, la desesperación y el dolor que produce la ausencia de sus seres queridos en casa, porque hacen falta. Ella dice que debe estar con su hija en este momento porque si no lo hace nadie más lo hará. Nos recuerda que no perdamos la esperanza y la fe de que algún día vamos a volver a tener con nosotras/os a todas las personas desparecidas, y que las vamos a poder abrazar y besar.

El caso de María Eugenia, como el de las 300 madres acompañadas de abuelas, hijos, hijas y demás familiares, que convocaron a la III Marcha de la Dignidad Nacional, es sólo uno de los que se conocen y que no han tenido respuesta. La justicia parece inalcanzable, los esfuerzos son superados por la impunidad.

Ellas salen a la calle a reclamar y exigir su derecho a la verdad. No festejan, es un día más de su lucha. Lucha que las agota, que las entristece, que las pone en riesgo pues con sus propios medios se han hecho cargo de la búsqueda de las personas desaparecidas y con esto un reto a las autoridades que actúan impunemente. Basta con saber que a las 4 de la tarde del 12 de mayo, un hombre disparó 15 veces a Sandra, una de las madres que acababa de reunirse con las autoridades que revisan el caso de su hijo desaparecido.

Ésta es otra maternidad, una maternidad desde la dignidad, por los derechos, por la justicia y la paz. Esta maternidad nos enseña a luchar y compartir el camino y no sentirnos desoladas. Esta maternidad se vive con dolor pero también con la fuerza para alzar la voz, para levantarse y salir a la calle, construyendo otras posibilidades.

Ellas nos dicen que no hay nada que festejar mientras haya personas desaparecidas, mientras la violencia se tolere, mientras se prefieran la pantalla de mentiras y no se priorice la verdad, la verdad de un país sumergido en las contradicciones y en la maternidad tradicional obligatoria.

Sin la intención de imponer nuestras ideas a este movimiento de mujeres y familiares, en esta maternidad encontramos sororidad, cuidado político, valentía para salir a la calle y ocupar el espacio público, la puesta en marcha y búsqueda de nuevas formas de ser mujeres activas frente a la injusticia. Su actuar nos hace pensar en un maternaje en lucha que intenta romper con la desigualdad. Aunque esto no sea su estandarte, nosotras vemos ahí una gran oportunidad de resignificación de la maternidad tradicional.

El hecho de salir a la calle en busca de sus hijas/os, es la forma que han encontrado para exigir que regresen. Es una demanda legítima por la justicia y por tanto, un ejercicio ciudadano que por desgracia deviene de la impunidad. Recordar a Kate Millet cuando nos dice “lo personal es político”, genera una pregunta para la reflexión ¿es posible pensar la maternidad como un ejercicio de ciudadanía?

El maternaje entonces también se vive y se ejerce luchando por las personas desaparecidas, por las madres que las buscan, por el otro mundo posible, por la erradicación de la violencia contra las mujeres, por la paz y la justicia, por el pleno ejercicio de nuestros derechos humanos, por todas y todos.

Pies de página

[1]Aunque si ya lo van a festejar, debería de ser el día de las madres, ya que como bien lo mencionamos las feministas, no existe un tipo de mujer, así como no existe un tipo de madre.

[2] La Sororidad la entendemos como una política feminista que invita a establecer relaciones y alianzas positivas, de hermandad, reconocimiento y apoyo entre las mujeres a fin de lograr nuestro empoderamiento y romper con la desigualdad de género.

La opinión e información expresada en esta columna es responsabilidad de sus autoras

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