[Cariátides y gorgonas] El eterno femenino y la desigualdad social

El objetivo de este texto es vincular al concepto del “eterno femenino” naturalizado en la sociedad occidental moderna a través del hábitus(véase Bourdieu 2000) con formas de desigualdad social, entre ellas la desigualdad en las relaciones de género.

¿Qué es la naturaleza?

Según Aristóteles “la naturaleza es la forma y la esencia, que no son separables sino por el pensamiento” (Física, II, 193b 3-7). Es el modo interno de ser de las cosas y de los seres, una forma inmanente de “llegar a ser”, el principio dinámico que determina el comportamiento o modo de manifestarse de las cosas. A veces se considera que lo natural es lo “normal”, lo que es casi inevitable.

¿Qué es la feminidad?

La feminidad es un manojo de construcciones simbólicas que describen a un modelo ideal de mujer, un modelo que se construye en la sociedad y en la cultura, un conjunto de normas de comportamiento y de mandatos en la vida de las mujeres (lo mismo aplica para el caso de la masculinidad y los hombres). La eficacia simbólica de estos mandatos desfavorables para la mujer instituidos dentro del orden social se debe en buena medida al hecho de que lleva a las mujeres a entregarse y a abandonarse ante el destino al que socialmente son confinadas.

La naturaleza femenina y la naturalización de la femineidad

Tal naturalización socialmente construida se refuerza constantemente a través de licencias poéticas que, por supuesto, tienen manifestaciones prácticas en elhábitusde la vida cotidiana de las personas como individuos y como colectividad, y así se piensa que las mujeres poseemos un instinto sabio, un poder intuitivo, que existe un “femenino sagrado”,un“eterno o misterio femenino”, que tenemos una cierta conexión mística con el universo.

A veces, en casos de mujeres de ciertas clases sociales y con ciertos privilegios, esa“gloria del misterio femenino” antepone el amor de las mujeres a sí mismas a cualquier otro tipo de amor, acto típicamente narcisista, y eso se convierte a la postre en un “culto al yo”.

Hay grandes potenciales que lamentablemente se vuelcan a la escritura de diarios íntimos y de autobiografías que tienden con el tiempo a establecer distancias de otros seres humanos, en aras de reivindicar una supuesta mayor sensibilidad, una empatía más aguda que la de los hombres, una relación más armoniosa con el universo, todo ello como un intento narcisista por justificar la existencia propia, por ser una heroína, un personaje de novela épica.

Tan grave es no tener unos recursos propios (parafraseando a Beauvoir), una habitación propia (parafraseando a la Woolf), y un proyecto propio….

¿Por qué las diferencias sexuales y de género se traducen en formas de desigualdad social?

El que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres sean interpretadas culturalmente como diferencias sustantivas que marcarán el destino de las personas, con estructuras de pensamiento y formas de organización diferenciadas para unos y para otras, es un problema subyacente en toda discusión que se refiere a las diferencias entre hombres y mujeres.

La diferencia biológica entre macho y hembra es evidente, como lo es también que hay infinitos universos y mundos en las mentes de las personas, diferentes gustos, diferentes estructuras y configuraciones mentales, diferentes maneras de amar y de ejercer la sexualidad, diferentes y muy diversos géneros, pero ¿por qué estas diferencias implican desigualdad social?

Baste en este punto hacer la breve reelaboración de las corrientes feministas y reivindicadoras del feminismo como formas de lucha y resistencia sociales, para recordar que las estructuras sexuales y genéricas están estrechamente vinculadas con las estructuras económicas de una sociedad organizada de acuerdo con el principio de la primacía de la masculinidad, y que en este contexto el género femenino y otros géneros, al igual que otros grupos vulnerables de individuos, clases sociales, sectores de clase y enclaves étnicos, se encuentran sumidos en similares problemáticas, por eso la dominación masculina, es similar a la dominación que ejerce Occidente sobre otros procesos civilizatorios, o a la que ejerce el gran capital sobre la clase trabajadora.

Epílogo

A manera de conclusión quisiera remarcar la responsabilidad y el deber que tenemos quienes nos consideramos estudiosos o estudiosas de las relaciones de género de formular nuevas maneras de mirar y de entender al mundo, de explicarlo y de narrarlo, pero sobre todo de buscar nuevos mecanismos de organización política, cultural y económica para cambiar el orden social establecido, de relacionarnos materialmente de manera diferente, de cambiar las formas de producción que aseguren nuevas formas reproducción del ser humano y de su sociedad, de echar abajo los sentidos únicos y de tomar las direcciones “prohibidas”, de construir un nuevo lenguaje y un nuevo mundo.